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Epilogo

 

Velladonna estaba tocando la mejilla de Rogue, desprendiendo dulce perfume con cada movimiento. Rogue se quedo quieto en su silla, dejando que se aproveche de él.

 

[¿Seguro?]

 

[Síp, sin problemas.]

 

[Qué desperdicio. Tenía ese asiento en gerencia arreglado para ti, ingrato.]

 

Había un documento oficial en su escritorio, formalmente solicitando quedarse en el Sexto Precinto.

 

[¿Cuántas veces casi fuiste asesinado?]

 

[Unas cuantas.]

 

[Sin garantía que sobrevivirías a la próxima. Esta es tu última oportunidad para retractarte.]

 

El meloso tono se había desvanecido y sus ojos se estaban concentrando en él. Por primera vez, estaba actuando como la jefa de la oficina.

 

[Está bien conmigo. Pon a alguien más allí y será un desperdicio de recurso humano.]

 

Velladonna levanto una ceja.

 

[Sí que estás confiado.]

 

Rogue solo se bajó de hombros.

 

Recogió el documento a la par de su carta.

 

[Esta también ha sido aprobada.]

 

[Sí, dejarán que se quede.]

 

[Hmph. Había sido exiliada, pero había una posibilidad de escape. Las tensiones se están acumulando entre las Dos Grandes Casas Nobles y probablemente no propongan esto otra vez.]

 

El incidente de Chronos había escalado la enemistad entre las casas. Al punto donde incluso oficiales generales estaban chismeando sobre ello.

 

[No entiendo en qué piensan las brujas.] Velladonna murmuró.

 

Rogue estaba de acuerdo.

 

Terminaron la papelería y Rogue dejo la oficina de la jefa.

 

En el elevador, apachó el botón para el piso principal y se recostó contra el muro. No había nadie más allí que él. Los muros de vidrio ofrecían una gran vista de las ajetreadas calles de Elayl. Los carros pasaban por los caminos como glóbulos rojos y grandes edificios se alzaban como torres a la luz del medio día, brillando como si estuvieran llamando la atención.

 

La luz le lastimó los ojos, así que los cubrió con su mano. Su manga se desmorono, revelando un ornamento alrededor de su muñeca izquierda.

 

Un collar.

 

Habían sido dos semanas desde el clímax del caso del Segador.

 

Registraron el almacén de Chronos, pero solo encontraron el collar de Miseria y algunos restos de su ropa. Todo lo demás había ardido a cenizas.

Una vez los forenses terminaron, Rogue movió unos contactos y obtuvo el collar. Incluso él no estaba seguro del por qué lo quería; quizás solo estaba siendo sentimental. No estaba planeando hacer alarde de ello, así que normalmente lo mantenía dentro de su manga.

 

No tenía idea qué fue de Chronos después de Lectura. Las Dos Grandes Casas Nobles seguían cubriéndolo. Pero de lo que había visto, el hombre difícilmente estaba en condiciones.

 

Karma…

 

El castigo digno de un criminal. Se preguntó si eso aplicaba para todos.

 

Llegó al primer piso y dejo el edificio, quitándose esos pensamientos tontos. Sabía de sobra que los criminales nunca pagaban por sus crimines.

 

En el parqueo, se encontró a una chica esperando en el carro. Cuando vio a Rogue, sus ojos se iluminaron.

 

[¡Bienvenido, Detective!] Catherine dijo.

 

[Difícilmente es eso.]

 

[¡Pero aun había una posibilidad que dejara el Sexto Precinto! Digo…]

 

Catherine terminó, actuando sospechosa.

 

[Si eres consciente de eso, entonces contrólate.]

 

[Ahaha…] Sonrió con incomodidad.

 

Es como andar con una bomba, Rogue pensó. Pero fue su decisión no reportar la traición de Catherine a Velladonna.

 

 

Entraron al carro. La conducción de Catherine era muy preocupante, así que tomó el mando.

 

Se sentó a su par, levantando sus pulgares.

 

Probablemente recordando algo de la noche del incendio.

 

Habían escapado del ardiente almacén.

 

Catherine se despertó para encontrarse en sus brazos, tosiendo sangre.

 

[D-Decective…]

 

[¡Solo espera, te llevaré al hospital!]

 

[¡D-Déjeme aquí! Sin hospitales… ¡Merezco morir!] Rogó. [Siempre que viva, estaré predispuesta a traicionar a las personas. ¡P-Pero ya no quiero ser una traidora! Por favor… solo déjeme morir.]

 

[Qué no.] Rogue respondió.

 

[Por qué… ¿Por qué no? ¿Por qué no dejarme perecer?]

 

[No estoy ofreciendo suicidio asistido. Vas a vivir y arrepentirte. Tenemos crímenes que resolver. No creas que te vas a librar tan fácilmente.]

 

[¡Eso no… es justo!] Catherine se quejó, su rostro sucumbió. [¡Ahora tengo que vivir!]

 

Tomó sus hombros.

 

[¡Te traicioné!]

 

[Sí y lo sufrí.]

[Estoy segura que lo haré otra vez. Trataré que no, pero no prometo nada…]

 

[No soy un fanático.]

 

Lo miró a través de sus mechones.

 

[¿Y por qué me estás perdonando…?]

 

No creía que lo estuviera, pero igual lo aceptó.

 

[Bueno, alguien más me hizo cambiar de parecer.]

 

Catherine bajó su cabeza, apretando sus dientes.

 

[Vivirás con miedo tu vida… ¿No te molesta?]

 

[¿Qué con eso? Trabajaré con todas ustedes, brujas o no. Una vez estés curada, regresarás al trabajo.]

 

Parecía que finalmente se decidió.

 

[Quiero estar allí cuando mueras…] Catherine dijo. [Hasta entonces, seré de utilidad.]

 

Desearía que estuviera bromeando, pero Catherine claramente lo decía en serio.

 

Pero cuando pensó en ello, era como si un estafador le dijera a su victima que iba a ser estafado. Dándose cuenta de eso, Catherine se puso roja y se puso muy sospechosa.

 

“Quiero estar allí cuando mueras” fue un comentario bastante grotesco.

 

Condujeron otros quince minutos, y mientras se acercaban al Sexto Precinto, recibió una alerta en su teléfono de Velladonna.

Un asesino en un campo de golf en el Tercer Distrito. Usando un hechizo el cual nunca habían visto, así que le estaba pidiendo asistencia al Sexto Precinto.

 

Mierda, sin descanso hasta morir.

 

✽✽✽✽✽

 

Un oficial de cabello negro y corto fue su guía en el campo de golf. Quizás el oficial era nuevo porque su voz era temblorosa.

 

[¡Por aquí!]

 

Un hombre golfista estaba recostado en el campo.

 

[¡No tengo idea de qué esté pasando!]

 

El cuerpo del hombre cubría todo el green. El mismo cuerpo, ordenado cuidadosamente como un rompecabezas.

 

¿Un hechizo duplicado? Pero ¿para qué? No, hechizos duplicados no pueden copiar algo bilógico, ¿qué otra cosa puede ser?

 

Mientras Rogue pensaba, el oficial balbuceó. [Er, um… ¿eres al que llaman Rogue el Sangriento?]

 

[Sí, soy yo.]

 

Casi había olvidado ese nombre.

 

[Um—] El oficial se inclinó. [¡Soy un fan! ¿Me da su autógrafo?]

 

[¿Huh?]

Rogue estaba aturdido.

 

[¡Conservo un libro de recortes de todos los casos que ha resuelto, Detective! Qué gran trabajo realiza. ¡Realmente le respeto!]

 

[B-Bien…]

 

El oficial tenía una tarjeta hecha de papel coloreado y un bolígrafo. Todo listo para un autógrafo.

 

Rogue miró a Catherine, pero le estaba preguntando a los forenses dónde estaban los baños. Quizás el cadáver le había sentado mal. El oficial forense la guio y otros oficiales en la escena estaban ocupados enumerando los cuerpos lejos de ellos.

 

El brillo en los ojos del oficial penetró al renuente Rogue. Nadi estaba viendo— bien podía pasarlo por alto.

 

[¿Por qué no?]

 

Tomo el bolígrafo, entonces le quito la tapa y mientras firmaba la tarjeta, el oficial preguntó. [Um, ¿esa es una gargantilla?] Señalando la muñeca de Rogue.

 

El collar se asombo de su caminsa.

 

[Sí… un regalo de un amigo.]

 

[Es lindo.]

 

Rogue asintió y miró a la tarjeta.

 

[Cierto, ¿cuál es tu nombre? ¿Debería agregarlo?]

 

[¡Oh lo siento, lo olvide por completo!]

En un rincón de sus ojos, vio al oficial inclinarse otra vez.

 

[¡Mi nombre es Miseria! ¡Si puedes escribir “¡Miseria, sigue trabajando duro!”, eso sería genial?]

 

Su corazón saltó.

 

[¿Mise…ria?]

 

Levantó la mirada.

 

[¡Sip! ¡Soy yo!]

 

El oficial se quitó la capa, luego tomó su cabello negro y lo agitó. El cabello blanco oculto debajo de la peluca se soltó.

 

Rogue se congeló en seco.

 

[¿El ratón le mordió la lengua, Detective?] El oficial preguntó, quitándose los lentes de contacto. Ojos azules le perforaron. [¡Sigue moviendo esas manos! Lo major es firmar eso antes que alguien más venga por aquí.]

 

La voz del oficial había cambiado por completo del tono de un joven a una chica.

 

[¿O no la firmarás a menos que te llame Rogue?]

 

[Se supone que estás muerta…]

 

[Hmm. ¡Espero que sean lágrimas de alegría!]

 

Su voz temblaba. [No estoy llorando…]

 

[¡Aww! ¿A pesar que hiciste de mi collar tu amuleto? Un “regalo de un amigo,” ¿fue?]

 

[Shush…]

 

[No tenía idea que me tenías en alta estima. ¡Me conmueve!]

 

Miseria se rio. Ese tono burlón claramente era el de la bruja.

 

Rogué soltó un largo suspiro.

 

[Tienes una explicación que dar…]

 

[¡Entiendo! Primero, sí morí. Mi cuerpo se hizo polvo; sin hechizo de curación que pudiera ayudar. ¿Y por qué estoy viva? ¿Puedes adivinarlo, Rogue?]

 

Definitivamente estaba acabada. Si regreso de eso… ¿Una resurrección?

 

Miseria de pronto se hizo la tonta. ¿Por qué no me había dado cuenta?

 

Miseria entró en sus pensamientos.

 

[¿Lo descubriste?]

 

[Sí. Introdujiste Control en ti, ¿cierto? Una vez estuviste muerta, regresaste el flujo del tiempo, restaurando tu cuerpo.] Presionó la tarjeta autografiada contra de ella. [¿Cierto?]

 

[¡Lo entendiste!] Miseria le aplaudió con una deslumbrante sonrisa. A diferencia de los encantamientos, un hechizo lanzado con un sigilo podría ser activado luego de un retraso. Si le daba órdenes al hechizo de antemano, se activaría incluso si estaba muerta.

 

[¿Ahora qué? ¿Molesto conmigo?]

 

Miseria reviso su rostro.

 

[Shush.]

 

Sabía la respuesta, pero no le sentaba bien. Algo le estaba molestando en un rincón de su mente. ¿Por qué Miseria no lazo Control mientras aún estaba viva? Si tenía tanta certeza que Control podía curarla, ¿por qué se dejó morir? Miseria había escogido morir, pero ¿para qué?

 

Miseria estaba sonriendo, observándolo. Había más de eso.

 

Tenía un objetivo en mente. Algo con lo que tenía que morir para cumplir.

 

La respuesta estaba en la punta de su lengua.

 

Levantó su mano izquierda, acariciando su cabello. Probablemente el objetivo no era algo tan complicado. No le tomaría más que unas cuantas palabras para trasmitirlo. Antes que los otros policías llegaran.

 

Algo simple… que una bruja como Miseria querría…

 

Su mirada cayó en su muñeca.

 

Y tenía su respuesta.

 

Rogue suspiró.

 

[¿Te dejaste morir para librarte del collar?]

 

[Bien hecho.] Miseria dijo con una sonrisa maliciosa.

 

En retrospectiva, era obvio. El collar solo se saldría cuando estuviera muerta. Para quitárselo, tenía que morir. El motive era aún más claro— el collar le estaba robando su poder y libertad. Nadie dejaría escapar una oportunidad entre sus dedos.

 

[¿Así que la razón por la que fuiste tan insistente en sacarme fue para que no viera el collar soltarse cuando murieras?]

 

[Chico listo. Exacto.] Miseria dijo. [Pude quitarte la idea del collar de tu mente, pero si lo veías caer, pudiste haber descubierto mi plan.]

 

Esperaba que él trataría de salvarla. ¿Cuánto tiempo había estado planeando lo del collar? Se sintió traicionado— y su lengua y garganta estaba muy secas.

 

Claro que era una bruja.

 

[¿Siempre fue tu objetivo…?]

 

[¿Qué si lo fue?]

 

[Pensé que odiabas a los mentirosos…]

 

[Claro…]

 

Miseria se alejo alegremente. Luego le dio la espalda.

 

[Me divertí mucho contigo. Es por eso que aparecí aquí.]

 

Rogue no dijo nada.

 

En cambio, dio un paso al frente. No demostró estar perturbada.

 

[¿No vas a huir?]

[¿No vas a arrestarme?]

 

Otra vez. Aún se burlaba de él.

 

Rogue se mordió el labio y se acercó lo suficiente para tomarla.

 

[Titiritero Miseria… Estás bajo arresto.]

 

[Adelante.]

 

Miseria estiró sus muñecas. Lo hizo en serio. ¿Escapar del collar no fue su objetivo? Me duele la cabeza. Argh, ella es tan—

 

Rogue se giró a su izquierda hacia el campo de cadáveres. Ya no podía ver el rostro de la bruja.

 

[¿Rogue?] Sonaba perpleja.

 

[Querías salir, ¿cierto? Adelante, vete. Antes que cambie de opinion.]

 

[Er, no, estaba aquí más para disfrutar de tu confusión.]

 

[Ya tomé la decisión. Mierda.]

 

Ella sonaba genuinamente agitada, y él estaba disfrutando eso.

 

Esta es la decisión correcta.

 

[Eres demasiado bueno…] Dijo.

 

Luego tomó su mandíbula, girando su rostro hacia ella, y sintió sus labios en los suyos. Su mente se quedó en blanco.


[Es para darte las gracias.]

 

Miseria se alejó, pero su rostro aún estaba tan cerca que podía contar sus largas pestañas.

 

[Heh-heh. Que buena cara tienes.]

 

Ella soltó su mandíbula.

 

[¿Q-Q-Qué estás—?] Rogue se sonrojó, su mente rebobinándose. [N-No solo puedes—]

 

[No es gran cosa. ¡Tremendo virgo! No me importa enseñarte una o dos cosas, Rogue.]

 

[¡¿Enseñarme qué?!]

 

Levantó la voz y ella puso sus manos en sus oídos y empezó a caminar.

 

[Me preocupa tu futuro. ¿Podrás sobrevivir, cuando eres tan ingenuo?]

 

[¡Déjame en paz!]

 

[Oh, cierto. Cuídate de Catherine. Le di el castigo del siglo, pero sus problemas son profundos. Es todo el consejo que tengo para ti, en serio. El resto depende de ti.]

 

[¡—Espera!]

 

Miseria se paró detrás de un árbol. Él la siguió y le dio la vuelta a su cabeza, dándole una sonrisa malévola.

 

[Quizás para la próxima me alcances. ¡Me muero por eso!]

 

Sí, cierto.

Las brujas no pueden ser encadenadas.

 

The End


 

Afterword

 

 

Soy Yuri Yumemi.

 

Tuve la idea de esto luego de leer El Silencio de los Inocentes. Resolver un caso con alguien tan aterrador como el Dr Hannibal Lecter sería emocionante y divertido. Eso fue hace cinco años.

 

Adoro las historias de thrills. Leeré cualquier cosa con vibras de terror. ¡Incluso si estrictamente no es horror! Por esa razón, no pude detenerme en añadir elementos inspirados en horror o dos giros a mi trabajo. He enviado catorce novelas anteriores para el Dengeki Novel Prize, y alguien murió en casi todas. ¡Solo tres no! Diría que demuestra lo difícil que es escapar de tus propios gustos.

 

Por esa razón, en esta serie, las brujas vienen en lugar del caníbal.

 

Es el tipo de novela que quería escribir.

 

Cada bruja en esa prisión hizo algo terrible. Sin ninguna dura que una anaconda gigante tiene hacia devorar humanos. La vida de Rogue siempre estará en peligro. Pero no se le permite huir. No solo porque es un detective, sino porque su propio código de ética no se lo permite. Y si nuestro protagonista se acobarda, estamos en problemas. O yo de igual forma. ¡Gracias a Dios no lo es!

 

¡Tres hurras para Rogue!

 

Para mis editores, Mori y Kobara, usaron mucho de su tiempo para ayudarme y estoy muy agradecido. Para mi ilustrador, Wata, lamento las tardías revisiones. Los borradores que me enviabas me mantuvieron vivo. A mi familia, amaría decir que puedo estar tranquilo ahora… pero planeo seguir.

 

Para todos lo que tomaron esta novela, un cálido gracias. Si disfrutaste esta historia, nada me haría más feliz.

 


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