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Capítulo 9

El Rey Fantasma

 

Luego de contarle a Monica que iban a buscarle ropa más abrigadora, Felix la llevó a un edificio de dos niveles especialmente extravagante en la calle principal. Mientras caminaba por la decorada puerta, se encontró con la esencia de flores arregladas en floreros y perfume, creando una asombrosa mezcla.

 

Por sugerencia del príncipe, había asumido que irían a alguna clase de tienda de ropa. Pero era claro, incluso para Monica, que este lugar no vendía ropa.

 

Lo que esta tienda ofrecía a sus clientes era un magnífico tiempo con hermosas mujeres.

 

[P-P-Pero, p-pero…]

 

[¿Estás tratando de imitar a un pollo?] Felix preguntó, inclinando su cabeza en confusión.

 

Monica agitó su cabeza y trató desesperadamente de vocalizar. [Pero este lugar, no es…]

 

[Este es el local de Madam Cassandra.] Respondió, quitando su máscara mientras una mujer aparecía desde atrás de la tienda. Su cabello rubio rojizo estaba levemente atado y usaba un vestido que exponía una buena cantidad de sus hombros y pecho.

 

La mujer sonrió como un gato que había encontrado su comida. Fue a Felix y, aferrándose a su cuello, le sentó un apasionado beso en su mejilla. [¡Oh, sir! Ha pasado tiempo.] Dijo. [No has venido últimamente. Hemos estado tan solas.]

 

[Hey, Doris. Perdón por eso— las cosas han estado muy movidas.]

 

[Siempre que me solicites esta noche, ¿mm? Ahora que estás aquí, cancelaré todos mis otros asuntos.]

 

Felix le regresó el beso en la mejilla de Doris y respondió. [Perdón, pero en realidad necesito hablar con Madam Cassandra primero.]

[¿Hm?] Doris, por fin notando a Monica, movió su cuello para mirarla de arriaba abajo aun aferrándose a Felix. No había hostilidad en los ojos de la mujer— solo estaba evaluando el valor de Monica.

 

[Hmm. Para alguien que trajiste, dudo que atraerá muchos clientes…] Doris murmuró, mirando a Felix. [Bueno, no importa. Madam Cassandra está atrás. Ven— por aquí.]

 

Doris corrió su brazo derecho por el brazo izquierdo de Felix y empezó a caminar. Cuando Monica dudó, la mujer la llamó con exasperación. [¿Qué estás esperando? ¡Su otro brazo está libre, sabes!]

 

[¿Huh…?]

 

La mujer le indicó a Monica acercarse y ponerse del lado derecho de Felix. Entonces ella tomó la mano de Monica y la pasó por su brazo derecho antes de finalmente regresar al lado izquierdo del príncipe y enlazó su brazo con él otra vez.

 

[¡Así es como lo tomas del brazo! Y restriégale tus limones más… Oh, hmm, supongo que no tienes mucho pecho igual.]

 

¿Qué me están haciendo hacer? Monica se preguntó, lanzándole una mirada preocupada a Felix quien, claramente suprimiendo una risa, dijo. [Iremos a saludar primero a la Madam.]

 

[B-Bien…] Monica respondió vagamente.

 

Su brazo aún tomando el de Felix— bueno, era más que estaba aferrada de él con su mano— empezó a caminar. Se sintió como una niña Perdida siendo escoltada.

 

La tienda de Madam Cassandra era uno de los negocios más rentables del área, y no importaba cómo lo vieras— los pilares, las decoraciones de puerta, las alfombras— todo el lugar era tan glamuroso que le dolían sus ojos.

 

La mansión de Mary Harvey era lujosa también, pero Monica sintió certeza que tenía más clase.

 

Eventualmente, llegaron a una puerta al final del pasillo y Doris se detuvo frente a ella. [¡Madam!] Llamó. [¡Madam Cassandra! ¡Vino alguien bueno a verla para variar!]

 

[Entre.] La voz de una mujer ronca por beber, dijo desde dentro del cuarto.

 

Doris abrió la puerta y entraron Felix y Monica. Mientras el pasillo aquí había estado adornado, este cuarto estaba a otro nivel: alfombras con mucho color rojo, cortinas, decoraciones y borlas usando muchos hilos de oro y plata… Y en el extravagante sofá en el centro del cuarto reposaba una mujer.

 

Su cabello chis estaba bellamente peinado y usaba un vivido vestido escarlata y un sombrero de gran borde. Se veía demasiado vieja para ser considerada de mediana edad, pero muy llena de vida para ser llamada una abuela.

 

Sus brillantes ojos filosos se centraron en Felix mientras sus labios, rojos por el pintalabios, se curvaron en una gran sonrisa.

 

[Hola, sir.] Dijo. [Ha pasado tiempo. Tanto que debería decir que, nuestras chicas estaban empezando a perder su motivación. No estaba seguro qué iba a hacer.]

 

[Me disculpo, Madam.] El príncipe respondió. [He tenido muchos problemas que atender.]

 

¿En qué cosas anda? Felix solo era un estudiante. Aunque viéndolo ahora, nadie lo sospecharía— estaba lejos de casa en el centro de la vida nocturna.

 

Probablemente no debería decir nada innecesario… Monica pensó, dando un paso atrás para esconderse en la sombra de Felix.

 

Pero entonces, la mujer llamada Madame Cassandra le hizo un gesto con su mentón. [¿Quién es la pequeña?]

 

[Esperaba que pudieras escoger algo de ropa para ella.]

 

Oh, Monica pensó. Así que estaban aquí para conseguir ropa más abrigadora. La mayoría de tiendas habrían estado cerradas ahora. Si quería un conjunto, pagar en efectivo en un establecimiento como este era más rápido.

 

[Ah, en ese caso, déjamelo a mí.] Doris dijo, tomando a Monica de la muñeca. [¡Ven!]

 

[¡Um! ¡Yo, um…!] Monica se asutó, mirando entre Felix y Doris.

 

El príncipe le dio una sonrisa y agitó su mano. [Ve a escoger algo lindo.]

 

[¡Um, bueno, er…!]

 

[¡Vamos, hora de jugar!]

 

Doris tomó a Monica de la muñeca y empezó a caminar con largos pasos, prácticamente arrastrándola al otro cuarto.

 

Luego de observer a Doris tirar de Monica, Felix regresó a Madam Cassandra y tomó asiento en el sofá frente a ella.

 

Abriendo un cajón Cerrado lleno con pequeños objetos, quitó unos cuantos sobres y los colocó frente al príncipe. [De los nobles que conociste aquí en la tienda…] Explicó.

 

[Tienes mis gracias como siempre, Madam.]

 

Felix tomó los sobres y los guardó. Los nobles cuyos nombres estaban escritos en ellos tenían una cosa en común— todos estaban bajo la influencia del Duque Clockford y todos ellos guardaban algo de insatisfacción hacia el hombre. Alguns incluso estaban deseosos de rebelarse.

 

Madam Cassandra, aguda como siempre, seguramente había deducido la situación. [No estoy para indagar en tu pasado o identidad a este punto…] Dijo. [Pero ¿será tu última visita…?]

 

[Lo más probable que sí.]

 

Suspiró. [Estaremos tristes de no verte y a tu dinero, vete.]

 

Felix colocó una bolsa llena de monedas de oro frente a ella. [Por favor, usa esto darse un fantástico banquete esta noche. Uno lo suficientemente bueno para igualar a las campanas guiando a las almas de los muertos.]

 

[Estarás, claro, en este banquete, ¿verdad?]

 

[Por desgracia, tengo otras cosas que hacer. Solo necesito tomar una cama para dormir por esta noche.]

 

Luciendo infeliz, Madam Cassandra sacó una pipa y la colocó entre sus labios escarlatas. [Es tu última noche aquí. Invita a las chicas que quieras a tu cama.]

 

[Vine totalmente preparado para tomar esa oferta.] Explicó el príncipe. [Pero inesperadamente he hecho un nuevo amigo para vagar en la ciudad. Me gustaría priorizarla esta noche.]

 

[¿Oh?] Sus ojos, los cuales habían estado fruncidos en desapego, se abrieron y pestañeó. [¿No te refieres a esa chica plana de antes…?]

 

[Una amiga mía.] Felix respondió.

 

Mientras decía eso, oyeron un golpeteo desde fuera del pasillo. La puerta se abrió y Doris entró, llevando a Monica bajo su brazo.

 

Madam Cassandra puso una mano en su frente y miró al techo. [¿Qué carajos? Pensé que deberías querías venderla…]

 

[¡Madam! ¡Madam! ¡Maaadam!] Gritó.

 

Los ojos de Monica estaban perdidos y estaba murmurando números. Los ojos de Felix se abrieron a la vista ante él.  Doris vistió a Monica en un delgado vestido de lencería— del tipo que las chicas usaban aquí. mostraba mucha piel y se veía rico en mujeres con figuras más voluptuosas. Pero en una chica plana como Monica, solo enfatizaba lo que no tenía. Se veía más fría que siempre.

 

El rico color vino de la tela simplemente hacía que su complexión sobresaliera más y uno de los tirantes de sus hombros ya se estaba cayendo bajo del mismo, peligrosamente cerca de revelar lo pequeño que era su pecho.

 

Mientras Felix se veía impresionado, Doris rascó su cabeza y se disculpó. [Lo siento. Ya que la trajo para venderla, traté de enseñarle cómo complacer a un hombre con una pequeña demostración… Luego de pronto se puso así. ¿Qué está haciendo? ¿Pegarle en la cabeza lo arreglaría?]

 

La demostración de Doris evidentemente había sido demasiado estimulante para Monica y la chica había tomado otro viaje al mundo de los números.

 

[Me disculpo, Doris.] Felix dijo. [Debí haberte dado instrucciones más claras.]

 

[¿Qué? Viniste a venderla, ¿cierto?] Doris dijo. [Digo, no creo que pueda tener algún pariente. Ella es tan delgada. No creo que encontrará muchos clientes así, pero no te preocupes— puedes dejarla conmigo. La arreglaré y me aseguraré que le agarra el truco. Cuidaré de ella.]

 

[No, no es lo que yo…]

 

Mientras Felix trataba de aclarar el malentendido con Doris, Monica continuaba murmurando números, su mirada totalmente en blanco.

 

Apretón.

 

Monica reacción mientras sentía algo suave tocando su mejilla.

 

[¡Oh! ¡Una pata…!]

 

Estaba segura que Nero estaba tomando su rostro con su suave patita. Pero cuando miró alrededor, no estaba en su caballa o en su ático. Siempre que lo estaba, la cantidad de rojo y dorado estaba empezando hacer que sus ojos dolieran. Y cuando se giró a ver a la fuente de la sensación en su mejilla izquierda, vio a Felix mirándola con una expresión que encontraba difícil de describir.

 

[¿Ya en el mundo real?] Preguntó.

 

[Pri-Pri-Pri-Pri—]

 

Antes que pudiera decir Príncipe, Felix presionó su dedo índice en su boca. Los ojos de Monica se dieron vuelta, tratando de entender la situación. Ahora estaba sentándose en un gran sofá, recostándose contra Felix. En otro sofa frente a ellos estaba Madam Cassandra, con Doris esperando cerca.

 

Cuando sus ojos encontraron los de Doris, la mujer giró un dedo en su cabello rubio rojizo y le dio una sonrisa de disculpa. [Perdón por todo eso.] Dijo. [Pensé que había venido a nosotros para venderte.]

 

[O-Oh…]

 

Y ahí fue cuando Monica por fin se dio cuenta lo que estaba vistiendo— un delgado vestido de lencería color vino. Doris la había forzado a ponérselo hace unos minutos.

 

[¡Choo!] Ella estornudo.

 

Doris se rio. [¡En serio, lo siento! Te prestaré la piel más cálida que tenga, ¿bien? Y posiblemente te quede con unos guantes también, ¿huh?]

 

[Um, si solo puedes… darme mi ropa de regreso, eso sería— ¡Hk-choo!] Cuando Monica estornudo otra vez, el vestido— su cordón ya deslizándose— cayó cerca de su cintura. Levantó otra vez el cordón con un “whoops” y lo jaló sobre su hombro otra vez.

 

Felix y Doris la miraron, asombradas.

 

Madam Cassandra quitó su pipa de sus labios y frunció su cien. [Ella es rara.]

 

[Umm, ¿me pueden dar mi ropa, por favor…?]

 

[Entendido.] Doris dijo, pidiéndole a Monica seguirle. Cuando la chica dudo, Doris rascó su mejilla, un poco preocupada. [Solo te voy a devolver tu ropa, es todo. Vamos.]

 

[Oh, um, bien…]

 

[Aunque si quieres saber cómo hacerlo feliz, te puedo dar unos cuantos buenos consejos.]

 

Monica agitó su cabeza, parecía que podía salírsele. Doris se agitó. Luego de eso, Doris le regresó el vestido azul y túnica blanca de Monica, luego puso una capa de piel sobre sus hombros y le dio unos guantes. Al final, le pasó uno de los báculos de madera que todo mundo llevaba en el festival. La capa era café oscuro y la capucha tenía orejas de animal falsas cosidas como decoración. Debe ser un disfraz del festival, Monica pensó.

 

Se puso la capucha y le dio un par de jalones a las orejas cosidas. Delgadas y ajustadas arriba, eran un poco más cortas que las de un conejo. ¿Orejas de oso? Se preguntó.

 

Había escuchado que la mayoría de disfraces del festival eran de animales que caminaban en la tierra, ya que eran súbditos del Rey de los Espíritus de la Tierra. Caballos estaban entre ellos. Probablemente son orejas de caballo, penso, convencida.

 

Felix sonrió. [Como siempre una ardillita.] Dijo.

 

[¡¿Huh?!] Monica se sorprendió. [Yo, um, creo que son orejas de caballo…]

 

[Estoy viendo a una ardillita.]

 

Incluso Doris y Madam Cassandra pensaron que era una ardilla.

 

Las cejas de Monica cayeron mientras miraba a Felix. [Dijo que ya no me llamaría nunca más…]

[Perdón, perdón.] El príncipe dijo. [¿Por qué no nos vamos, Monica?]

 

Felix extendió su brazo izquierdo a ella. Sabía que lo correcto era tomarlo de su brazo, como Doris le había enseñado. Por desgracia, había un poco de diferencia de altura entre los dos: Monica era pequeña y Felix algo alto. Luego de meditarlo por unos momentos, uso la mano libre para tomar su manga en lugar. Así, no tendría que preocuparse de perderse.

 

Felix didn’t offer any comment. He just started walking, matching his stride to hers.

 

Mientras dejaban el local de Madam Cassandra, Felix se puso otra vez su máscara y se dirigió a la calle principal. Ni siquiera se detuvo a pensarlo— debió haber estado acostumbrado a salirse en la noche así.

 

[Hay una tienda que quiero visitar.] Dijo. [Pero ¿por qué no tomamos una pequeña caminata? Es bastante divertido ver todos los puestos y tiendas al aire libre.]

 

Felix luego tomó una calle con muchas tiendas y empezaron a caminar. Además de los puestos vendiendo brochetas de carne fresca y jugo de fruta, había otros vendiendo alfombras extranjeras y accesorios.

 

[¡Hola!] Dijo uno de los vendedores. [Han venido a ver mi tienda. ¡Tengo muy buenos accesorios aquí! ¿Por qué no le das un lindo brazalete a la chica?]

 

[Supongo que lo veré.] Felix dijo, parando para revisar los objetos alineados en el puesto.

 

El vendedor sonrió y juntó sus manos como si estuviera por recibir a un VIP. [Tenemos lo mejor de lo mejor aquí.] Dijo. [Todos fueron bendecidos por un mago muy famoso.]

 

[¿En serio? Felix preguntó. [¿Son objetos mágicos?]

 

[Bueno, sí, algo parecido.]

 

Al parecer, llamarlos amuletos o bendiciones iba mejor con las personas jóvenes.

 

El hombre empezó a explicar cómo este collar haría a las personas más atractivas para ti o cómo ese anillo ayudaría a prevenir desastres, su tono muy serio. Cada uno de los productos estaba iluminado por linternas colgándose de aleros y brillando. El vendedor probablemente sabía que vender las cosas en la oscuridad de la noche haría más distinguir los artículos caros de las imitaciones baratas.

 

Monica reviso la mercancía. Ninguno parecía funcionar como un objeto mágico… Las cosas que parecían como símbolos mágicos habían sido grabados en anillos y monturas, pero ninguno era real.

 

Felix probablemente se dio cuenta de eso. Estaba dando lo mejor al actuar interesado, pero no veía ningún entusiasmo en sus ojos mientras revisaba los bienes. De verdad solo lo estaba viendo; era todo.

 

La mirada de Monica pasó los accesorios, para detenerse en un broche de atrás. Era el primer objeto que había sido visto con una fórmula mágica real grabada en ella.

 

Una simple barrera, Monica pensó. No es preciso, pero…

 

El vendedor se dio cuenta que esta viendo y levantó su voz, tratando de sonar emocionado. [¡Tiene un buen ojo, señorita! Este broche fue hecho especialmente, a diferencia de otros.]

 

Se detuvo allí, luego se agachó un poco y bajó su voz como si no quisiera escuchar nada más. [¿Lo creerías? Uno de los Siete Sabios hizo esto. El Mago de las Gemas, especificando.]

 

[¿Huh…?] Monica sintió su corazón latir a la mención de los Siete Sabios.

 

Felix puso un dedo en su mentón. [El Mago de las Gemas Emanuel Darwin… He oído que es un genio creando herramientas mágicas.]

 

[Qué bueno que lo sepas.] EL vendedor respondió. [¡Tienes razón! Cualquier objeto hecho por el Mago de las Gemas se vendería tanto como una casa en la capital real si se obtiene por medios normales. Pero puedo dártelo a un precio mucho menor… ¿Qué me dices?]

 

[¿Puedo verlo?] Felix preguntó.

 

[¡Claro, adelante!] Dijo el vendedor, poniendo un trapo alrededor del broche y se lo entregó al príncipe.

 

Felix lo tomó y llevó la gema imbuida a la luz— probablemente para verificar que una fórmula mágica estuviera dentro. Y lo estaba. Detrás de la fórmula, el hombre “Emanuel Darwin” estaba inscrito en letras pequeñas.

 

Pensando lógicamente, tenía que se falso. La fórmula mágica no era muy precisa y ningún objeto mágico hecho por uno de los Siete Sabios nunca se encontraría en una tienda como esta. Pero era un ornamento que llamó la atención de Monica. Había visto un broche casi idéntico a este en alguna parte.

 

Se parece al broche de Lord Cyril.

 

El cuerpo de Cyril Ashley tendía a acumular más maná de otros, así que siempre usaba un broche mágico para absorber el maná saliendo de su cuerpo y lo libero. De hecho, Monica físicamente había sostenido ese broche en el pasado, así que no tenía dudas.

 

El broche de Lord Cyril tenía el nombre del Mago de las Gemas grabado igual. Y no había tenido ninguna fórmula protectora.

 

El broche en las manos de Felix estaba imbuido con solo una barrera mágica. Los dos objetos mágicos eran similares— tanto en estilo y las peculiaridades en sus fórmulas mágicas.

 

[De hecho, me gusta así.] Felix dijo. [Lo llevaré.]

 

[¡He-he! Es muy generoso, señor. ¡Muchas gracias!]

 

Luego de pagar más de lo que parecía correcto para un puesto callejero, Felix tomó el broche. Luego sus ojos azules quedaron detrás de su máscara para ver a Monica.

 

[Monica…] Dijo. [¿Hay algún accesorio que te gustaría? Si algo te llama la atención, te lo compraré.]

 

[No, estoy bien…] Dijo, agitando su cabeza.

Felix se agachó un poco para ver su rostro. [Estabas usando maquillaje el día de la competición de ajedrez, ¿verdad? Se te veía tan bien.]

 

[Oh.]

 

[¿Te gustaría que te dé un accesorio que te hubiera quedado bien?]

 

Los dulces susurros de Felix habrían hecho que cualquier mujer noble se derritiera. El corazón de Monica, sin embargo, no cedía. Se preguntaba por qué y se le ocurrió una razón. Por extraño, le preguntó, [Um, ¿recuerda la… primera vez que nos conocimos?]

 

[En los viejos jardines. Dejaste caer todas tus castañas.]

 

[Cuando las recogió por mí, yo… fui muy, muy feliz.]

 

Habiendo llegado a la academia, Monica no había sido cercana a nadie. No distinguía derecha de izquierda. Fue por eso que el listón que Lana le había dado y las castañas que Felix había recogido por ella se sentían como tesoros— suficientes que casi nunca las quería comer.

 

[Um, no puedo expresarlo bien… Pero si fuera a comer un, um, accesorio ahora, no creo que estaría… tan feliz como la vez con las castañas.]

 

[Ah…] Felix dijo, su voz algo solitaria, su tono es diferente al que usaba cuando se sienta en la silla del presidente del consejo estudiantil.

 

Monica empezó a sentirse muy culpable. Cual sea la razón, rehusó su gesto de buena fe.

 

Asustándose, continuó. [¡Um, y como sea, acabo de interesarme en la moda, así que soy toda una novata! Y, bueno… creo que los accesorios son demasiado para mí… ¡Sí, son avanzadas para novatos de la moda y no estoy lista!]

 

Los ojos de Felix se abrieron en sorpresa detrás de su máscara. Mientras Monica jugaba con sus dedos, se preguntaba si había sido descortés, una leve sonrisa cruzo sus labios. [Lo dejaremos ahí, entonces.] Dijo, dirigiéndose al siguiente puesto.

Parecía estar vendiendo dulces horneados. Estaban suaves y redondos, cerca del tamaño de su palma y tenía un diseño complicado quedaba en su superficie.

 

[Esos dulces… tienen diseños buenos.] Monica remarcó, fijándose más en los patrones que la misma comida.

 

Felix rio. [Son dulces tradicionales para el Festival de las Campanas. Los partes a la mitad para comerlos.] Compró uno para ellos, lo partió en dos, y le dio la mitad a Monica. [Al menos déjame comprarte esto, ¿bien?]

 

[Ummm, s-sí, gracias…]

 

Dentro de la masa endulzada con miel, había un generoso relleno de uvas secas, higos y nueces. Mientras le daba unas mordidas para disfrazar la rareza que sentía, un par de dedos se acercaron del costado y tomaron un pedazo de fruta del rostro de Monica.

 

[Había algo en tu mejilla.] Felix dijo.

 

Al momento que sus dedos tocaron su boca, inconscientemente se puso tensa y se agitó.

 

Probablemente escuchando el grito ahogado que agitó su garganta, Felix comentó con tristeza. [Dijiste que no le tenías mido a los caballos, pero si a las personas, ¿verdad?]

 

Tenía mucha razón.

 

Monica no le tenía miedo a los animales o insectos, pero los humanos la aterraban. Y así había sido el caso desde mucho antes que se inscribiera en Minerva y conociera a Bernie.

 

Los hombres altos eran lo peor. Tan pronto uno levantara la mano, visiones venían a ella que iluminarían su mente y causarían que sus piernas cedieran del miedo. Lo mismo había pasado cuando se encontró con Bartholomeus. Sabía por lógica que no todos serían violentos con ella, pero su cuerpo reaccionó igual. Su cabeza se pondría en blanco, dominada por el miedo.

 

Siempre lo arruino cuando alguien trata de ser bueno conmigo… Pensó, su rostro nublado por la culpa. Voz temblando, logró un sofocado “Lo siento…” Felix no la criticó. En cambio, puso una gentil sonrisa. [Si realmente te dan miedo las personas, puedes pensar de mí como un fantasma. Después de todo, los espíritus de los muertos visitan nuestro mundo esta noche— es por eso que están sonando las campanas.]

 

Se estiró al báculo en la mano de Monica. Colgando de la punta del báculo de madera que Doris le había prestado había una linda pequeña campana dorada. Felix golpeó la campana para que se agitara un poco. El claro sonido significaba que espantaría y guiaría a los espíritus de los muertos quienes vagaban en el festival.

 

[Tu amigo Ike es en realidad un fantasma que no existe. Así que no puede lastimarte.] Su tono bromista— y los ojos azules detrás de su máscara— era triste, pero lleno de nobleza.

 

La boca de Monica se abría y cerraba. Pensó que debería decir algo. Pero no podía pensar en nada bueno, así que sus respiros blancos simplemente desaparecían en el cielo nocturno.

 

[Tengo un poco de sed.] Felix dijo. [Iré a conseguir un poco de juego de fruta, así que espera aquí.] Se giró, el borde de su túnica ondeaba y luego desapareció en la multitud.

 

Tengo que seguirlo, pensó. Soy su guardaespaldas. Pero mientras daba un paso vacilante, oí una voz desde atrás de ella.

 

[Bruja Silenciosa.] Dijo.

 

Sorprendida, Monica se dio la vuelva para encontrar a una hermosa mujer en atuendo de maid— el espíritu de viento Ryn.

 

Continuó con su usual tono calmado y vacío. [¿Esta sería la situación apropiada para usar la táctica “no le pongas una mano a mi mujer”?]

 

Eso fue lo primero de salir de su boca. Al parecer, Felix, disfrazado, miró a Ryn como con malas noticias— un hombre tratando de molestarla.

 

Si el espíritu vestido en esa ropa llamativa del torneo de ajedrez y realizará una repetición de esa actuación ahora, sería desastroso. Monica rechazó su propuesta de inmediato. [¡N-No! ¡Es el príncipe!]

 

[Oh vaya.] La voz de Ryn nunca tenía entonación, pero se veía sorprendida, al menos. Puso una mano en su mentón en una actuación más bien dramática de seriedad, inclinando su cabeza a un lado. Luego de tres largos segundos, regresó su cabeza a su posición normal. [En ese caso, ¿continuará protegiendo al Príncipe Felix esta noche?]

 

[S-Sí. Si pudieras mantener la distancia y asistir, um, sería grandioso…]

 

[Muy bien, entonces— ¿Oh?] Notando algo, Ryn levantó la mirada. Monica la siguió y avistó un ave con sus alas abiertas volando por el aire a pesar de la hora— y se dirigía a ellas. Sus ojos se abrieron.

 

Eventualmente, el ave descendiendo, llego a reposarse en la cabeza de Ryn, y cantó. Era un búho. En una inspección más cercana, se dio cuenta del aniño alrededor de su pata sosteniendo un tubo.

 

Monica reconoció el sello estelar en el objeto. [¿Podría ser este el familiar de la Bruja Astróloga…?]

 

[Ciertamente.]

 

Con nervios, Monica se estiró al tubo pegado en la pata del búho. Dentro esta una pequeña carta doblada. Lo escrito en el papel era tan elegante que pensarías que era una invitación para el palacio real— pero en cambio, decía:

 

[Alguien se llevó el Mar de Estrellas Mira. ¿Podrías ayudar? ¿Pweeeeez?]

 

[¿Qu…? ¡¿Quuuué?!]

 

Monica reviso la carta otra vez, sus labios temblando. A pesar de la hermosa letra y parafraseo casual, eta un asunto de gran importancia.

 

Ryn ojeó la carta desde el costado con el búho aun en su cabeza, parecía estar de acuerdo. [Parece ser una emergencia.] Murmuró.

 

Francamente, Monica no tenía idea qué hacer. Tanto proteger a Felix y recuperar el objeto robado eran misiones importantes. El Mar de Estrellas Mira era capaz de absorber el maná de un área enorme y convertirlo en un hechizo de ataque poderoso.

 

Si una persona mala usaba el Mar de Estrella Mira ataca la ciudad…

 

El solo pensamiento de ello la puso de nervios. En una noche como esta, el objeto podría destruir todo Corlapton fácilmente.

 

Mr Louis dijo que el sello ya había sido removido. Ni se diga cuando pudiera ser usado…

 

Era el deber de Monica como Sabio proteger la ciudad de esta amenaza mágica. Y sobre todo, Monica pensó, poniendo una mano en su pecho y cerrando sus ojos. Podía oír el sonido de las campanas por toda la ciudad— el sonido significaba asustar y guiar a los espíritus de la muerte. Sobre todo, hay personas aquí que encontraran la salvación al espantar… como yo.

 

No podía permitir que el festival se arruinara. Lentamente, fijo su mirada al frente. La vacilación dejo sus ojos. [Miss Ryn.] Dijo. [¿Puedes sentir su maná?]

 

[No.] Respondió el espíritu. [Soy excelente para captar los sonidos, pero no muy hábil en la detección de maná.]

 

Monica podía usar magia que le permitiría sentir el maná. Dicho eso, los hechizos de detección eran tan complicados, algunas personas lo hacían su trabajo de por vida. No solo era difícil lanzar el hechizo en sí, necesitabas una aguda intuición para entender le información que se te daba.

 

Monica podía reproducir el hechizo con perfecta precisión, pero nunca había sido muy buena al analizar los resultados. De hecho, aquellos de la Corporación de Magos eran mucho mejor en ello que ella, dada toda su experiencia de combate.

 

Pero tengo que hacerlo.

Cerró sus ojos y se concentró, luego lanzó el hechizo de detección.

 

Detrás de sus párpados, una esencia como el cielo estrellado llenó su visión. Las estrellas eran tan pequeñas que tenía que esforzarte para sentirlas. Cada una era una masa de maná y podía discernir su cantidad y elemento por el tamaño de la estrella y su coloración.

 

Por desgracia, cuando se trataba de criaturas con grandes capacidades de maná— dragones enormes y espíritus, por ejemplo— frecuentemente esconderían su propio poder, haciéndolos difícil de detectar. Los objetos mágicos también, no podían ser detectados hasta que fueran ejecutados, fue el caso de cómo la herramienta de asesinato de Casey, el Espiral de Fuego, había funcionado.

 

El Mar de Estrellas tiene la habilidad de absorber el maná. Así que si busco una masa que esté creciendo lentamente…

 

Poco a poco, Monica amplió su área de búsqueda. Pero entre más lo hacía, más fácil era pasar por alto cosas.

 

Sudor bajo de su frente mientras observaba las incontables estrellas flotando en sus párpados. Era como mirar cometas volar por el cielo nocturno. Las estrellas eran tan pequeñas que tenías que concentrarte de verdad para verlas y estaban revoloteando alrededor, así que la tarea demandaba mucha concentración.

 

Pero entre este mar de estrellas, Monica logro encontrar una moviéndose raramente. Estaba viajando bastante rápido, desde el centro de la ciudad directo a las afueras, haciéndose más radiante que antes. Estaba absorbiendo el maná de sus alrededores.

 

[¡Te encontré!]

 

La señal estaba a una buena distancia de la localización actual de Monica. Y a esa velocidad, el culpable estaría fuera de la ciudad antes de alcanzarlo.

 

Necesitaba recuperar el objeto robado rápido, regresar aquí, y continuar protegiendo al Felix.

 

[Mientras recupere el objeto mágico, quédate aquí y cuidad del príncipe, Miss Ryn. Además…] Apretó su báculo de madera y fijo su mirada a la dirección que iría. Había un gran y delgado campanero en esa dirección— lo usaría como un buen punto de aterrizaje. [Quiero que me lances tan fuerte como puedas hacia ese campanero.]

 

[Tení la impresión que no podía usar magia de vuelo, mi lady.] Respondió el espíritu.

 

[No puedo. Pero probablemente pueda acertar un aterrizaje… Quizás.] Si podía usar magia de viento para amortiguar su caída, probablemente podría evitar lastimarse. En todo caso, tan torpe como era, nunca los alcanzaría si tuviera que correr por la multitud. Era la única manera para cerrar la distancia. [Muy bien, mi lady. En ese caso…]

 

La hermosa maid asintió con su cabeza de búho y levantó una mano. Viento se arremolino a los pies de Monica, haciendo que el dobladillo de su túnica se ondeara.

 

[Crearé una barrera a prueba de sonido en esa región del cielo para que pueda sentirse libre de gritar a todo pulmón.]

 

[¿Huh…?]

 

[La lanzaré con la más grande velocidad que un cuerpo humano pueda soportar.]

 

[Oh, um, si pudieras, por favor, er, limita la velocidad a— ¡Higyaaaahhhhh!] Un momento después, el cuerpo de Monica fue lanzado al aire y se disparo por el cielo como un cometa.


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