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El Sacerdotisa, la Princesa y el Chico

 

Dentro de las profundidades de Frieden había un pequeño comedor separado del abierto al laicado; un comedor prohibido para todos menos que las sacerdotisas caballeras del templo. La sacerdotisa tomaba sus comidas allí mientras las sacerdotisas aprendices esperaban a sus mayores mientras servían al personal. Era, en un sentido, un campo de entrenamiento, y fue allí que la mañana recibió a Hiro y Liz comiendo el desayuno.

 

Liz, como es usual, estaba tratando de alimentar a Hiro desde su plato. [¡Vamos, prueba!] Dijo, tomando un trozo de carne cubierto en salsa dulce. [¡Está delicioso!]

 

Hiro agitó su cabeza. [No lo necesito. Ya tengo mucho.]

 

Tenía exactamente lo mismo que Liz, de hecho. Sus platos eran idénticos. No tenían necesidad de compartir, pero eso no parecía hacerle perder el interés.

 

[Oh, deja de quejarte y tómalo. A nadie le agradan los quisquillosos.]

 

[No es que yo—]

 

Lo que sea que Hiro iba a decir era sofocado oportunamente por un trozo de carne. Con masticar siendo la alternativa, masticó y tragó. Era bueno, tenía que admitirlo. Los sabrosos jugos de la carne y la dulzura de la salsa se mezclaban diligentemente en su boca.

 

Liz miró directo a sus ojos dese una distancia incómodamente cerca. [¿Ves? ¿No es sabroso?]

 

[Claro, pero yo tengo el mío.]

 

[Eso es para que me alimentes. ¡Mira!] Liz abrió su boca expectante. Las manos de Hiro empezaron a hacerlo como se le dijo antes que su cerebro lo procesara. En ese momento, una delgada mano tomó su tenedor desde su agarre y pasó el pedazo de carne en la boca de Liz. Hiro se dio la vuelta para ver a una hermosa mujer parada a su par.

 

[¿Su Gracia?]

La sacerdotisa incline su cabeza. [Me temó que tu comida podría enfriarse.] Ella tenía su usual sonrisa, pero había una presión alrededor de su boca que Hiro no pensaba fuera su imaginación.

 

Liz se paró, Mirando fuerte a la mujer elfa. [Hiro tiene que hacerlo o no tiene sentido. ¿Es eso un problema?]

 

La sacerdotisa parecía desplazarse en silencio por el suelo mientras se acercaba. [Debe recordar, solo a las mujeres se les tiene permitido servir en la sagrada residencia del Rey Espiritual. Me preocupa que la imagen de usted jugando puede tener una influencia adversa en nuestras sacerdotisas.]

 

Hiro miro alrededor para encontrar un comedor lleno de mujeres mirándolo, rostros rojos. Incluso sirvientes— aprendices de sacerdotisas, asumía— se veían escandalizadas.

 

Liz también de notarlo, porque su expresión rápidamente era de disculpas. [Claro. Lo siento.] Dijo, rascando su mejilla. Cedió rápidamente, Hiro notó. Evidentemente era consciente de la deuda que tenía con la sacerdotisa.

 

Prácticamente todas las sacerdotisas en Frieden habían entrado al servicio de niñas y eso las había llevado a vidas protegidas. Muchas de las aprendices ni sabía de la existencia del otro sexo. Sus aposentos normalmente estaban prohibidos a los hombres, aunque Hiro había sido invitado esa mañana por razones que no podía imaginar. En ese sentido, no era sorpresa que estuviera atrayendo miradas.

 

[Por favor, no dejen que les perturbe su comida.] La sacerdotisa dijo. La alta elfa se sentó a la par de Hiro, mientras Liz giraba su silla a su otro costado. Metido entre las dos, Hiro empezó a retorcerse.

 

La sacerdotisa tomó el tenedor de Hiro en sus delgados dedos. [Quizás este sea el platillo más fino que nuestras cocinas sirven. ¿Te importaría probarlo?]

 

Hiro suspiro levemente. ¿Por qué la sacerdotisa, de entre todas las personas, se estaba uniendo a este sinsentido?

 

Por sorpresa, Liz no tomó la provocación en la mesa. [¡Oh, así que está bien que lo alimentes, ¿verdad?!]

[Pero claro. La Sacerdotisa de Frieden debe atender las necesidades de sus invitados.]

 

[Oh, ¿en serio? ¿No les dará un mal ejemplo a las sacerdotisas?]

 

[Para nada. Que algún extraño desconocido alimente a Lord Hiro de su plato sería escandaloso, pero todos reconocen mi actuar como un acto de hospitalidad.]

 

Por un momento, Liz frunció el ceño en confusión— por sorpresa, la plática no tenía sentido— pero pronto respondió. [¡Soy la Sexta Princesa del Imperio Grantz, no una vagabunda!]

 

¿Ese era su problema? Hiro suspiró. No podía evitar notar que difícilmente había tenido una comida apropiada desde que llego a este mundo. Al parecer, el jurado había decidido si sabría alguna vez cómo se sentía la saciedad.

 

[Seguramente nadie pensaría que una princesa imperial estaba tramando algo inapropiado.] Liz dijo desde arriba.

 

[Tu título no es relevante.] La sacerdotisa respondió. [Aquí estamos en el santuario del Rey Espiritual, mi autoridad supera la de la gente común, nobleza y la realeza por igual.]

 

[¡Eso es ridículo!]

 

[Te lo aseguro, es verdad.]

 

Por cómo suena, un estómago lleno no se veía pronto.


 

Recuerdos de un Caballero

 

[El viejo golpea como un caballo.] Dios se quejó, acariciando su mejilla. Metió su toalla en el manantial y la mojo con el agua. Su rostro se levanto para verlo con ojos molestos. Ofreció el reflejo de una sonrisa retorcida.

 

Armadura de cuero yace en su pecho, luciendo recién salido del curtidor. Una Lanza descansaba a su lado, su punta brillaba mientras recibía la luz del sol. Juntos, constituían el equipamiento estándar para un nuevo recluta en la armada imperial.

 

[¿Y qué estoy haciendo aquí?] Murmuró.

 

Hasta hace unos días, había sido uno de los muchos críos haciendo líos en los callejones traseros. Pelear y robar había sido el pan de cada día. Había sido un ladrón como cualquier otro que cambió— un desconsiderado intento de robar comida de un musculoso viejo llamdo Tris. Mirando atrás ahora, solo podía asumir que el hambre lo había alocado o que habría elegido un objetivo más fácil. El viejo soldado lo golpeó hasta dejarlo medio muerto y entonces, al descubrir cómo vivía, lo forzó a unirse a la armada imperial.

 

Dios presionó la toalla fría en su hinchada mejilla y se quejó. [Debes irte.]

 

Tris se enojaría si se demoraba mucho tiempo. No es que le temiera al enojo del viejo; eran sus puños.

 

Mientras trotaba al campo de entrenamiento, una joven la chica llamó su atención. Parada con su cabeza inclinada, sosteniendo una espada de entrenamiento y parecía estar llorando. Al principio, pensó que es mejor no involucrarse, pero sus pies lo llevaron a ella igual. No podía ignorar a alguien en necesidad.

 

[¿Qué estás haciendo aquí?] Preguntó, suspirando internamente. La chica lo miró con un sonido de sorpresa. La frente de Dios se frunció mientras vía su rostro. La conocía de algún lado y estaba seguro… Ah sí, claro. Había sido parte del sequito del emperador en su visita de hace unos días. ¿Qué asuntos una princesa del imperio tiene aquí? Iba a preguntarle.

 

[Dije, ¿qué hace un mocoso como tú aquí?] La chica curvo sus labios.

 

[Observando a las hormigas.]

 

[¿Así es?]

 

El silencio cayó entre ellos una vez más. Así que, no había estado llorando, solo mirando al suelo. Él todavía no entendía por qué ella estaba allí. Mientras se preguntaba en qué hacer, la chica habló otra vez.

 

[Luces bastante grande. ¿Eres un soldado?]

 

[¡¿Qu—?!] Dios dijo. Ciertamente, se veía más grande de su edad, pero esta chica parecía pensar que era igual de viejo que Tris. Llevo una exasperada mano por su rostro. [Sí, soy un soldado. Un nuevo soldado.] Se preocupo por enfatizar la segunda parte.

 

[¡¿En serio?!] La princesa se paró, sus ojos brillando. Había llamado su atención y tenía el presentimiento que se debía a su edad.

 

[En serio.]

 

[¿Puedes enseñarme cómo luchar?] Levantó su espada de madera. Una fiera determinación ardía en sus ojos.

 

El primer pensamiento de Dios era rechazarlo, pero difícilmente podía rechazar a una princesa del imperio. Si Tris lo escuchara, estaría curándose los moretones una semana.

 

[Soy un maestro duro.] Le advirtió. [¡Bien!]

 

Asumió que pronto se aburriría o se rendiría luego que el entrenamiento se haga más demandante. Para su sorpresa, sin embargo, regresó al siguiente día, y el día después de ese. Su acuerdo no duro mucho tiempo; cuando Tris lo descubrió, él venció a Dios casi hasta matarlo. Aunque eso no fue el final de sus lecciones. Desde entonces, Dios y Tris entrenaron justo a la princesa.

 

 

Los años pasaron, las temporadas cambiaron y la sexta princesa fue bendecida con el favor del Emperador de las Llamas. El emperador le concedió un rango de general mayor. Por un tiempo, su estrella estaba en lo alto, pero todo se deshizo cuando sus rivales políticos unieron fuerzas contra ella. Dios limpió sus amargas lágrimas, sabiendo que era impotente para detener su tragedia anunciada. Podía prestarle su hombro, pero no podía caminar a su lado.

 

Luego las noticias llegar de su asignación, se había escondido en el bosque donde podría refugiarse de sus problemas. En la víspera de su partida, regresó con un extraño chico de cabello negro a su lado y su perdida sonrisa finalmente regresó a su rostro. El chico ofreció unirse a su viaje. Dios respetaba eso. El chico tenía agallas. Bueno, eso o que era un tonto.

 

[Escucha bien, chico.]

 

[¿Y-Yo?]

 

[Nos reuniremos otra vez en el Fuerte Berg. Hasta entonces, cuídate.]

 

[Claro. ¡Tú también!]

 

[Hmph. Yo no soy aquel del que deberías estar preocupado. Además, tendrás mucho trabajo una vez llegues al fuerte.]

 

[¿A qué se refiere con eso?]

 

[Me refiero a que voy a entrenarte hasta que seas un verdadero soldado.]

 

No diría adioses ese día. Esta no sería una despedida. [Cuida de ella por mí, ¿sí?]

 

Con eso, Dios levantó su lanza y se retiró.


 

Aura en los Baños

 

Este día Hiro se encontraba relajándose en las aguas termales naturales en el piso más profundo del Fuerte Berg. De hecho, muchos días. El placer del agua cálida no era alguna adicción; se habría quedado sumergido para siempre si pudiera. Antes de llegar a este mundo, nunca había fallado en bañarse tres veces al día: mañana, mediodía y noche.

 

Él suspiro. [Estoy en el cielo…]

 

Mientras se sentaba en silencio, felizmente sumergiéndose, llego un cliqueo del cambiador. Miró hacia ese sonido, esperando ver a uno de los soldados. Se encontró algo más; una pequeña mirándolo con sus ojos grises. Quizás estaba pasmada; quizás estaba enojada. Junto sus manos en sus regiones más sensibles, pero eso solo tuvo el efecto de encender los instintos internos de Hiro.

 

Finalmente, Aura habló. [¿Planeaste esto?]

 

Hiro agitó su cabeza con fuerza. [¡No! ¿Cómo yo…? ¡Yo debería preguntarte eso!]

 

Aura infló sus mejillas. [Eres quién me está comiendo con la mirada.]

 

Eso fue bajo y ella lo sabía. En primer lugar, había sido ella quien camino a él.

 

[¿No viste mi ropa en el cambiador?] Preguntó.

 

[No estaban allí.]

 

[¡Ahora estás mintiendo!]

 

[¡No estaban!] Aura hizo un gesto, enojada, olvidando lo que sus brazos habían estado cubriendo.

 

Hiro alejó sus ojos, pero sería maldecido si iba a dejar que esas acusaciones se dijeran sin más.

Anaquel. Las había dejado en el anaquel. Aura era más baja que él. ¿Pudo haberlas visto desde arriba? Ciertamente no, pero no podía señalar eso sin lastimarla. Hiro difícilmente era alto. Sabía exactamente lo mucho que molestaría que se te dijera que tu altura era la culpable. Aparte de lo demás, Aira ya había pasado su edad de crecimiento— era improbable que se hiciera más alta y su pecho siempre se quedaría plano como una tabla. Fue condenada a ser una plana para toda la vida.

 

[Lo siento.] Dijo. [No volverá a pasar.]

 

Las palabras fácilmente salieron de sus labios. Su boca se relajo en una sonrisa serena. Después del dolor que Auro debió soportar, toda su indignación de pronto parecía trivial.

 

Sin embargo, la reacción de Aura, no era lo que esperaba. Palideció y se retiró. Un pequeño grito de su boca. Hiro frunció el ceño en confusión.

 

[Deja de reírte de mí.] Dijo.

 

[No, eso no… ¡Estoy sonriendo! ¡Es una sonrisa regular!]

 

Debió haber confundido su sonrisa de compasión por una lasciva.

 

Agitada, él se levantó del baño. La expresión de aura al instante se tornó mortificada. Sus ojos se pegaron a entrepierna de Hiro.

 

[¿Qué es eso?] Señaló con su tembloroso dedo. Con un grito agudo, Hiro se metió de nuevo bajo el agua.

 

Aura se acercó al borde del baño en cuatro. [Muéstramelo otra vez.]

 

[¡Claro que no!]

 

[Me lo debes de antes. Muéstramelo.]

 

[¡¿Cuándo te pusiste tan agresiva?! ¡¿Qué le paso a tu yo avergonzada?!]

[Tengo curiosidad.] Aura inclinó su cabeza inocentemente. [Nunca antes había visto uno.]

 

[Espera, ¿en serio?] Hiro se congeló a media protesta. ¿Nunca había tomado un baño con su padre? ¿No había aprendido de esas cosas en la escuela? ¿Realmente no sabía lo que había visto?

 

[En serio. Esta es mi primera vez viendo genitales masculinos.]

 

[¡Ya los vistes!] Tonto de él en molestarse por estar preocupado. Si es algo, él ahora estaba del lado avergonzado. Oír la palabra “genitales” dicha en su cara era bastante embarazoso.

 

[Muéstramelos.]

 

[¡No!]

 

Y así su pequeña guerra con Aura continuó hasta que el calor del baño lo hizo desmayarse.

 


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